Biblioteca de Referencias
Herencia Cristiana
“El
fin del cristianismo no es algo malo”
Podemos tener moral
sin religión
Informe especial –
La religión en el Reino Unido
El
Observador – Londres
9/9/2001
El
Cardenal Murphy O´Connor, arzobispo de Westminster, admitió la semana pasada
que el cristianismo está “desaparecido”
del Gobierno y de la vida de las personas en Gran Bretaña. El arzobispo de
Canterbury dice que está de acuerdo con su homólogo católico romano.
Felicitamos a ambos hombres por su franqueza. Y así como respetamos totalmente
al cristianismo que muchos británicos aun hoy practican, le damos la bienvenida
al cambio dramático que tardíamente los clérigos están reconociendo.
Durante
muchísimo tiempo, se supuso que la religión era una precondición de
moralidad. Muy a menudo, las elites han lamentado la disminución de la fe
religiosa sin ser capaces ellos mismos de gozar de una gran convicción. Las crédulas
“clases bajas” pensaron como de vital importancia, que creer en el cielo y
en el infierno tendría un alcance moral.
Es
apenas sorprendente que la gente joven esté cada vez menos interesada en la
religión organizada, la cual toma posiciones con frecuencia intransigentes
respecto de problemas como los derechos de la mujer, la contracepción y la
homosexualidad. Enseñados a desafiar la deferencia hacia el dogma, aquella
gente simplemente no está preparada para esperar los pares de siglos que
algunos obispos admiten en forma privada que tomará ejecutar un cambio en el
cristianismo.
Pero
si las nuevas generaciones están abandonando las iglesias, eso no significa que
estén abandonando la espiritualidad. Existe, según sabemos, una abundancia de
creencias espirituales compartidas hoy por los británicos.
Todas
las sociedades, desde la más primitiva, han tenido reglas que las han unido,
reglas, por ejemplo, de propiedad y de asociación. La totalidad no puede
funcionar sin una reciprocidad de obligaciones. El cristianismo alguna vez
desempeñó ese rol, también, pero no por mucho tiempo. La línea divisoria
reconocida por los arzobispos es una oportunidad para considerar cual es el tipo
de moralidad apropiada para la Gran Bretaña en el siglo veintiuno.
Un
niño que llega al mundo sin una religión puede ser, sin lugar a dudas, un ser
humano moral. Y en una sociedad multicultural, necesitamos desarrollar una
moralidad secular (de igualdad, honestidad e imparcialidad) que pueda unificar más
que dividir (según lo han hecho las religiones tan frecuentemente en el pasado
y actualmente, como lo han demostrado los repugnantes eventos de la semana
pasada afuera de una escuela del norte de Irlanda). Pero defender esta moralidad
secular requiere confianza y valentía. Significará que la fe habrá de
convertirse en un asunto absolutamente privado, que no esté sujeto ni a la
interferencia estatal ni a patrocinios.
Es
lamentable que, justo cuando la sociedad reconoce esto, los políticos se
muestran más entusiasmados que nunca por rendir pleitesía a algunos grupos
religiosos. Es ridículo que los Ministros deban considerar más, no menos, a
las escuelas religiosas. Es similarmente ridículo que deban contemplar la
introducción de más, no menos, clérigos en nuestra legislatura. No es la
primera vez que la política se encuentra tan lejos a la realidad pública.
Guardian
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