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Enfrentamientos globales: La guerra de los dioses

por J.C. MALONE

Las tropas fueron derrotadas y su dios tomado prisionero de guerra. ¿Qué hicieron los israelíes? Cuando todo parece perdido, lo mejor es apelar a la fe. Dios sabrá resolver sus propios problemas porque, si no, ¿cómo entonces resolverá los nuestros?

Dagón, el dios filisteo impostor, pillastre y tramposo como todos los dioses ajenos y sus seguidores herejes, creyó que había ganado, pero se equivocó. Porque Jehová de los Ejércitos parece que se dejó arrestar como parte de su plan secreto de enfrentarlo, "de Dios, a Dios".

Jehová entonces se hizo llevar ante el altar de Dagón.

Cuando los filisteos despertaron, Dagón estaba postrado ante Jehová. Sus fieles lo colocaron de nuevo en su altar, pero al amanecer ahí estaba de nuevo postrado. La última noche que pasaron juntos le fue muy mal al pobre Dagón. Amaneció degollado.

Después Jehová, desde su cautiverio, "afligió" a los filisteos, con "tumores". Dejémoslo ahí. Esto huele a guerra bacteriológica.

La historia está entre 4:12 y el 5:12 del Primer Libro de Samuel, en la versión Reina-Valera de la Santa Biblia, anotada por el reverendo C. I. Scofield.

Desde el 11 de septiembre, George W. Bush y Osama Ben Laden mantienen varios enfrentamientos, uno de ellos es religioso, basado en la mutua demonización. Los militantes islamitas acusan a Estados Unidos de ser el "Gran Satán" y Bush los acusa de "diabólicos". Demonizadas las partes, entonces el otro lado de la guerra de los dioses se reduce a una trifulca entre demonios.

Demonizar al enemigo ayuda a promover odio en su contra, porque como explica Giovanni Papini en su libro El Diablo, este personaje es odiado por todos, incluyendo quienes proclaman amar al enemigo.

El islam y el cristianismo tienen versiones diferentes del diablo; entender esas diferencias ayuda a comprender la guerra contra el terrorismo. La teología nos enseñó a Dios de múltiples maneras, hay que estudiar a su enemigo.

Demonología

En The Devil, a Biography, Peter Stanford nos explica que el cristianismo creó al diablo para explicar que la omnipotencia de Dios es limitada por este perverso sujeto. Stanford recuerda que en el Antiguo Testamento el individuo no es tan malo, porque hasta aparece platicando amistosamente con Dios en El libro de Job.

Para los cristianos de las cruzadas, su encarnación terrenal fueron los musulmanes. El diablo luego evolucionó y parece haberse bifurcado, porque después era idéntico a los judíos. Cuando eran igualmente diabólicos a los ojos cristianos, judíos y musulmanes tuvieron 700 años de hermandad y coexistencia pacífica en España, hasta que llegaron los Reyes Católicos.

El diablo musulmán es diferente porque, como diría Papini, los "diablos extranjeros" tienen otras funciones. El mismo confiesa su impotencia en el Corán (14:22): "Yo no tengo poder para hacer que la humanidad cometa actos demoniacos, excepto que yo te llamo y tú me obedeces. Entonces no me culpes a mí por tus actos, cúlpate a ti mismo". Tira la piedra y esconde la mano. Bastante irresponsable el sujeto.

El diablo del islam no es esencialmente perverso.

Karen Armstrong, en A History of God nos explica que en el islam el diablo es un individuo trivial, estúpido, tonto y confundido. Es un seductor que induce a la gente a hacer cosas. Por eso, explica Armstrong, cuando los iraníes decían que Estados Unidos era el "Gran Satán" no decían que era una sociedad perversa, sino trivial, tonta, estúpida y confundida.

De todos modos, el diablo es una amenaza contra los fieles, que para su protección y salvación personal, necesitan un Dios.

George W. Bush

La forma más económica de convertirse en Dios es demonizando al enemigo, porque la otra cara de la demonización es la autodivinización de quien demoniza. Bush, en su afán de demonizar a Osama Ben Laden y divinizarse, declaró al principio que iniciaba una "cruzada", contras las fuerzas "diabólicas". Lanzó su operación Justicia Infinita. Más cerca de Dios, ¡Imposible!

Alguien en la Administración Bush tuvo un momento de lucidez.

La palabra "cruzada" fue eliminada porque les recuerda a los musulmanes el vandalismo, el saqueo y la persecución religiosa en su contra que la historia registra como "cruzadas". El nombre de la operación cambió porque el papel de Dios no debe ser asumido tan públicamente. Aquello de "justicia infinita" es una "blasfemia". Infinito sólo es Dios.

Demonizando al enemigo Bush siguió un viejo hábito estadounidense. Edmundo S. Morgan, profesor de historia en Yale University, dice que para 1790, aquí circulaban hojas sueltas diciendo que los franceses eran "criaturas diabólicas, que están entre las más abominables y endemoniadas personas".

La retórica demonológica bushiana parece una copia al carbón de Ronald Reagan, que definió a la difunta Unión Soviética como un "imperio diabólico". La teoría de Bush sobre el "eje diabólico": Irán, Iraq y Corea del Norte es igual al "eje diabólico" de los 60, formado por Pekín, La Habana y Moscú.

Bush tiene algunas razones para sentirse Dios, sus dos millones de hombres bajo las armas desplegados en cinco continentes y todos los mares, le dan un cierto aire de omnipresencia y omnipotencia. Tiene radares que, como los ojos de Dios, ven todo lo que ocurre. Y con su sola orden, unos cuantos megatones atómicos podrían destruir el mundo que conocemos. Ese es poder casi divino.

La derecha cristiana, aliada de Bush, apoya la idea de que Dios está "de nuestro lado": pinta el islam como una religión extremista.

Radicalismo religioso

"No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino la espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y, a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa... el que pierde su vida por causa de mí, la hallará".

Esto no salió del Corán ni de los manuales de Al Qaida. Lo dijo Cristo, según Mateo, del 10:34 al 40. Este discípulo tiene las líneas más radicales atribuidas a Jesús. El reverendo Scofield, en sus anotaciones bíblicas explica que Mateo cobraba impuestos al servicio del ocupante romano; lo define como "uno de aquellos odiados publicanos que tenían entre el pueblo muy mala reputación".

En Mateo se inspira el radicalismo bushiano en su guerra contra el terrorismo. Bush define el conflicto en blanco y negro, lo reduce a una dimensión binaria, que parece copiada de aquella vieja ley sociológica del Tercero Excluido. No deja espacio para la neutralidad y la disensión es igual a la oposición.

Para Bush, el mundo "o está con nosotros o con los terroristas". Ese planteo parece otra copia, esta vez de Mateo 12:30: "El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama". Esta es la esencia del fundamentalismo cristiano, Mateo dice que Jesús dijo esto sobre alguien que hacía milagros y curaba enfermos de manera independiente.

En Marcos 9:40 el mismo incidente se aborda, pero Jesús no es un extremista, sino un conciliador: "El que no es contra nosotros, por nosotros es".

Bush y Ben Laden son tan radicales que parecen cortados con la misma tijera, son como dos caras de la misma moneda. Es difícil imaginarse uno sin el otro; juntos recuerdan la "ley de la unidad y lucha de contrarios" de la filosofía marxista.

Osama Ben Laden

En el inconsciente colectivo cristiano, quien vive bajo tierra en un "reino de tinieblas", comandando perversas huestes, puede tener cualquier nombre, pero todos sabemos quién es. A Bush le es fácil demonizar a Ben Laden.

Ben Laden, por su parte, no tiene problemas para demonizar a Estados Unidos para el mundo musulmán. Sólo falta conocer un poco este país para descubrir lo trivial que suelen ser ciertas cosas. También lo estúpidos y tontos que resultan determinados razonamientos o la confusión perenne que subyace en las políticas internas y externas estadounidenses.

Para Ben Laden es fácil demostrarles a los fieles del islam que Estados Unidos es Satán, que influencia estados como Arabia Saudita y Egipto contra los "fieles" islamitas. Por eso lucha no sólo contra los estadounidenses, sino también contra los "falsos estados islámicos".

La imposibilidad de ubicarlo y la sensación de que su amenaza está en todas partes, le da un aire etéreo y omnipresente, como las grandes deidades del mal o el bien.

Ben Laden parece un doble agente.

El dice trabajar para Alá, pero algunos evangelistas delirantes de la ultraderecha cristiana, aseguran que también cumple designios de Jehová. Jerry Falwell y Pat Robertson dicen que el 11 de septiembre se produjo una "mala sangre" divina. Que la "ira de Dios" castigó los abortos, el lesbianismo y otros pecados estadounidenses. Si están en lo cierto, surge una pregunta obligada: ¿cómo diablos adoran, aman y promueven a un Dios tan cruel y descarnado?

Desde tiempos inmemoriales los dioses ponen la guerra y los humanos la sangre. Todavía hoy los dioses siguen riñendo y los hombres muriendo.

 

Referencias:

J.C. Malone es periodista y escritor, autor de Sammy Sosa en 9 innings.

Diario La Opinion

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