Herencia Cristiana

 

En primer lugar, difaman a nuestro Señor Jesucristo llamándolo brujo y herramienta del demonio. Lo hacen porque no pueden negar los milagros de los que es capaz. De este modo, siguen a sus antepasados, quienes dijeron: “Por Belcebú, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios” (Lucas 11:15). Idean infinidad de mentiras sobre el nombre de Dios, el tetragrámaton; dicen que nuestro Señor pudo definir este nombre (al que ellos llaman Schem Hamphoras), y quien puede hacerlo, dicen, puede también realizar otro tipo de milagros. No obstante, no pueden citar ni un solo caso en el que un hombre hiciera un milagro de utilidad por medio de este “Schem Hamphoras”.  Evidentemente, sólo mentiroso consumados como estos serían capaces de fabricar todo esto sobre el Señor. Puesto que si existiera una fórmula como la del “Schem Hamphoras” no hubiera sido el Señor el primero ni el último en utilizarla. O, ¿cómo puede uno saber si este poder es inherente al “Schem Hamphoras”? Este tema es demasiado amplio. Una vez terminado este libro pienso escribir un ensayo especial y reseñar lo que Porchetus escribe sobre este tema. Al rechazar la verdad de Dios, les es útil en cambio verse obligados a creer en todas estas abominables, estúpidas, inanes mentiras, y en vez de mirar la preciosa cara de la palabra divina, no hacen más que mirar el trasero negro, obscuro, mentiroso del demonio, y adorar su fetidez.       

 Además, le roban a Jesús el significado de su nombre: en hebreo, “salvador”. El nombre Helfrich o Hilfrich era común entre los viejos sajones; equivale al nombre “Jesús”. En la actualidad, usaríamos el nombre Hulfrich, que significa “alguien que puede ayudar y lo hará”. Pero los judíos en su maldad lo llaman Jesu, que en hebreo no es más que la combinación de tres letras (no es ni un nombre ni una palabra), algo así como una cifra o letras numerales. Es como si yo fuera a tomar, por ejemplo, tres letras numerales (C, L y V) y las considerara una cifra, de ese modo formaría la palabra Clu que se traduce en 155. Así usan ellos el nombre Jesu para significar 316. Este número a su vez denota otra palabra, en la que se encuentra Hebel Vorik. Para más información acerca de sus prácticas diabólicas con estos números y estas palabras, léase Anthony Margaritha.

 Cuando un cristiano oye que pronuncian la palabra “Jesu”, como sucede ocasionalmente cuando se ven obligados a hablarnos, asume que están usando el nombre Jesús. Pero en realidad tienen en mente las letras numerales “Jesu”, es decir, el numeral 316 en la palabra blasfema “Vorik”. Y cuando pronuncian la palabra “Jesu” en sus plegarias escupen al piso tres veces en honor a nuestro Señor y a todos nosotros cristianos, movidos por su amor y devoción infinitos. Pero cuando conversan entre ellos dicen: “Deleatur nomen eius”, que en términos simples quiere decir: “Que Dios extermine su nombre”, o “Que todos los demonios se lo lleven”.

 Nos tratan de modo similar al recibirnos cuando nos acercamos a ellos. Pervierten las palabras “Seid Gott wilkomen” (literalmente, “Que seas bienvenido por Dios”) y dicen, “Sched wil kem!”, que significa “¡Ven, demonio!” o “Allí viene un demonio”. Dado que no estamos familiarizados con el hebreo, pueden dar rienda suelta a su ira secretamente. Mientras nosotros suponemos que nos están hablando gentilmente, ellos invocan sobre nuestras cabezas el fuego eterno y todas las desgracias. ¡Qué huéspedes tan maravillosos somos los pobres y píos cristianos! Albergamos a los judíos en nuestro país, obramos de bien con ellos, gustosamente asistimos su bienestar físico y espiritual, y de ellos recibimos agravios innumerables.

 Luego, también llaman a Jesús “el hijo de una puta”, acusando a su madre María de prostituta, y diciendo que Él fue concebido de una relación adúltera con un herrero. Aunque a mi pesar, me veo obligado a hablar en estos términos groseros para combatir al vil demonio. Ahora bien, ellos saben perfectamente que estas mentiras se inspiran en el odio y la maldad, con el único propósito de envenenar amargamente las mentes de su pobre juventud y la de los judíos comunes en contra de la persona de nuestro Señor, no vaya a ser que adhieran a la doctrina de éstos (la cual no puede ser refutada). Y aún así claman ser la santa gente a quien Dios ha de darles el Mesías en razón de su rectitud. En el octavo mandamiento, Dios nos prohibe hablar falso testimonio contra nuestro prójimo, mentir, engañar, profanar. Esta prohibición también incluye a nuestros enemigos, pues cuando Zedekiah no fue fiel hacia el rey de Babilonia, Jeremías y Ezequiel lo reprendieron seriamente y, debido a eso, fue condenado al cautiverio [Jer. 21:1 ff.; Eze. 12:1 ff.].

 Sin embargo, nuestros nobles príncipes del mundo y santos circuncisos inventaron en contra de este mandamiento de Dios, esta hermosa doctrina: que ellos pueden libremente mentir, blasfemar, maldecir, difamar, asesinar, robar, y perpetuar todo vicio habido y por haber en el modo en que lo deseen y contra quien lo deseen. Que Dios se quede con su mandamiento; y la gente de sangre noble y circuncisa lo violará a su antojo. A pesar de esto, insisten en que están haciendo lo correcto y que por tanto se tienen merecido el Mesías y el cielo. Desafían a Dios y a todos los ángeles a que refuten esto, ni hablar del demonio y de los malditos goy que no acepten esto. Pues es esta la sangre noble que no peca y no está sujeta a los mandamientos de Dios.

 ¿Qué mal les ha hecho la pobre virgen María? ¿Cómo pueden probar que era una prostituta? No hizo que dar a luz a un hijo cuyo nombre es Jesús. ¿Es acaso un crimen mortal que una joven esposa dé a luz a un niño? ¿Acaso toda mujer que da a luz a un niño ha de ser tomada por prostituta? ¿Qué puede decirse entonces de sus propias esposas y de ellos mismos? ¿Son también ellas todas prostitutas y ellos hijos de prostitutas? Oh, malditos goy, ¡esa es otra historia! ¿Acaso no sabéis que los judíos son la sangre noble y circuncisa de Abraham, y son los reyes en el cielo y en la tierra? Todo lo que digan es verdad. Si entre los malditos goy hubiera una virgen tan pura y anta como el ángel Gabriel, y el más humilde de estos nobles príncipes dijera que ella es la peor de las prostitutas y más vil que el mismísimo demonio, necesariamente tendría que ser así. El hecho de que esto saliera de una noble boca del linaje de Abraham sería evidencia suficiente. ¿ Quién se atreve a contradecirlo? A la inversa, cualquier archi puta de la sangre noble de los judíos, aún siendo tan desagradable como el mismísimo demonio, sería más pura que cualquier ángel si a los nobles señores se les ocurriera decir que es así. Puesto que los señores, nobles y circuncisos, pueden mentir, difamar, injuriar, blasfemar y maldecir a su antojo contra los malditos goy. Tienen también el privilegio de bendecirse, honrarse, alabarse y exaltarse a ellos mismos, aún estando Dios en desacuerdo con ellos. ¿Suponéis que un judío es tan mal tipo? Dios en el cielo y todos los ángeles tienen que reírse y bailar cada vez que oyen a un judío expulsando sus ventosidades para que vosotros, malditos goy, sepáis que no podrían ser tan descarados como para llamar puta a María, cuya reputación es intachable, si no fuera porque están envestidos de la facultad para pisotear a Dios y sus mandamientos.

 Muy, bien, presentaremos una simple ilustración que nos permitirá a vosotros y a mí, malditos goy, ignorantes herejes, entender un poco esta elevada sabiduría, la sabiduría de los nobles y santos judíos. Supongamos que yo tuviera una prima u otro pariente cercano en quien nunca detecté ningún mal; y otra gente, a quien le guardo rencor, la alabara y ensalzara, la considerara una excelente mujer pía, virtuosa, loable, y dijera: “Este burro no se merece tener por prima a una mujer tan buena y honorable; sería más apropiado para él una perra o una loba”. Y entonces yo, al oír tantos elogios para mi prima, diría en contra de mi propia consciencia: “Están mintiendo, es una archi puta”. Y, aunque sin tener prueba alguna y con la absoluta certeza de que mi prima es inocente, exigiría que se me creyera, mientras yo, un mentiroso consumado, maldeciría a todo aquél que se rehusara a creer en lo que en el corazón sé es una mentira.

 ¿Qué opinión tendríais de mí? No os sentiríais obligados a decir que soy un monstruo, un demonio repulsivo, y no un ser humano; que no merezco ver el sol, las hojas, el pasto, o cualquier otra criatura? En efecto, opinaríais que estoy poseído por demonios. En cambio, tendría que tomar la deshonra de mi prima, si supiera de alguna, como si fuera la mía propia, y ocultarla si amenazara con  hacerse pública, tal como hace toda la gente. Pero aunque nadie, incluso yo, sabe de su honradez, sería capaz de dar el primer paso y difamarla con calumnias como un sinvergüenza, haciendo caso omiso de que la deshonra se refleja en mí.

 Esta es la clase de seres humanos si se los debe o puede llamar así a la que pertenecen estos nobles y circuncisos santos. A nosotros goy, con quienes son hostiles e iracundos, nos confiesan que María no es en realidad nuestra prima, sino la de ellos, descendiente de Abraham. Mientras nosotros la alabamos y loamos, ellos proceden a difamarla ferozmente. Si en estos miserables judíos hubiera una sola gota de sangre genuinamente israelita, deberían decir: “¿Qué debemos hacer? ¿Puede culpársela porque nuestro hijo ha provocado nuestra ira? ¿Por qué debemos difamarla? Después de todo ella es nuestra carne y nuestra sangre. Sin dudas, esta no es la primera vez que de una madre santa nace una mal hijo”. No, a esta gente sagrada no se le ocurrirán pensamientos tan humanos y responsable; sólo pueden albergar pensamientos diabólicos para, de es modo, hacer penitencia y pronto tener al merecido Mesías, a quien, por supuesto, han tenido merecido por mil quinientos años ya.

 También son mentiras y calumnias contra Él y su madre el decir que el momento en que ella lo concibió no es natural. Con relación a esto, son de lo más maliciosos y malignos. En Levítico 20:18, Moisés indica que un hombre y una mujer no deben acercarse el uno al otro durante el sucio período menstrual. Esto está prohibido a riesgo de pérdida de vida o extremidad; quien sea concebido en momentos como estos resulta en fruto imperfecto y débil, es decir, en niños enfermos, mentalmente deficientes, semilla del diablo, desafiantes, etc.; gente cuya mente permanece desequilibrada toda la vida. Así nos difamarán los judíos, diciendo que honramos por Mesías a una persona que era mentalmente deficiente de nacimiento; santos altamente iluminados consideran que somos los estúpidos y malditos goy. Realmente, estos son los pensamientos y palabras propios del demonio.

 Os preguntaréis que los lleva a escribir esto, o por qué lo hacen. Estúpidos y malditos goy, ¿por qué se preguntan esto? ¿No les basta saber que son los nobles y circuncisos santos los que lo dicen? ¿O acaso sois tan lerdos como para no aprender que esta sagrada gente está eximida de todos los decretos de Dios y no peca? Pueden mentir, blasfemar, difamar, asesinar a quien se les antoje, incluso al mismísimo Dios. ¿No os dije con anterioridad que un judío es una perla preciosa de una pureza tal que Dios y todos los ángeles bailan cuando él se tira un pedo. Y si hiciera algo más grosero aún, igualmente esperaría que se considerara como un Talmud dorado. Y, lógicamente, los malditos goy deben tomar por pura santidad todo lo que surja de un hombre tan sagrado, sea de arriba o de abajo.

 Dado que si el judío no fuera una piedra tan preciosa y pura, ¿ cómo sería posible que pudiera despreciar con tanta ferocidad a todos los cristianos, al Mesías y a su madre, vilipendiarlos con estas mentiras tan maliciosas y perniciosas? ¡Si estos magníficos, puros y agudos santos sólo nos conceden las cualidades de los gansos y los burros, puesto que se rehusan a hacernos pasar por seres humanos! Pues la estupidez que nos adscriben no podría merecerla cerda alguna, que, según todos sabemos, se la pasa revolcándose en el fango, y lo que come no es mucho más limpio. ¡Qué sino la ira de Dios podría permitir que alguien se sumiera en tal bajeza y arrogancia abismales, diabólicas, infernales, dementes! Si fuera a vengarme en el mismísimo diablo, yo mismo sería incapaz de desearle el mal y los infortunios que sobre los judíos inflige la ira de Dios, obligándolos a mentir y blasfemar tan vilmente y en contra de su propia consciencia. De cualquier modo, tienen su recompensa por darle a Dios la mentira.

 En su Biblia, Sebastian Monster cuenta sobre un malicioso rabino que no llamaba María a la querida madre de Cristo, sino haria, es decir, sterquilinium, estercolero. ¿Y quién sabe de qué otra infamia se dan el gusto sin que nosotros lo sepamos? Uno percibe fácilmente cómo el diablo se las ingenia para llevarlos hacia las mentiras y blasfemias más viles que puede idear. Así también le envidian a la santa madre María, hermana de David, su correcto nombre, aún cuando ella no les ha hecho ningún mal. Si le envidian el nombre es natural que también le también le envidien su persona, sus bienes y su honor. Y si desean, y de hecho lo hacen, infligirle toda clase de infortunios y maldades a su carne y a su sangre inocentes, de las que no se conoce mal alguno, ¿qué suponéis nos desearán a nosotros, malditos goy?

 Aún con un corazón y una lengua así presumen parase frente a Dios; pronuncian su santo nombre, lo veneran y lo invocan, suplicándole que los lleve de vuelta a Jerusalén, les envíe al Mesías, ponga fin a la vida de los gentiles y les obsequie todos los bienes del mundo. La única razón por la cual Dios no los visita con truenos y relámpagos, que no los arrasa con un fuego repentino con un fuego repentino como hizo con Sodoma y Gomorra, es esta: Este castigo no sería acorde a tanta malicia. Por eso los golpea con truenos y relámpagos espirituales, como escribe Moisés en Deuteronomio 28:28 y en otros pasajes: “Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu”. Estos son, en efecto, los verdaderos golpes de trueno y relámpago: locura, ceguera y turbación de espíritu.

 Aunque estos terribles, calumniosas, blasfemas mentiras están particularmente dirigidas a la persona de nuestro Señor y su querida madre, también están pensadas en contra de nuestras personas. Quieren darnos la peor afrenta por honrar a un Mesías a quien maldicen y difaman tan terriblemente (al punto de considerar que no merece que ellos o cualquier otro ser humano lo nombre y mucho menos lo venere). Por tanto, debemos pagar por creer en Él, por alabarlo, honrarlo, servirle.

 No obstante, quisiera preguntar: ¿Qué daño le ha hecho a esta santa gente este pobre hombre, Jesús? Si fue un falso maestro, como ellos alegan, ya fue castigado; ya recibió lo que se merecía, ya sufrió con su vergonzosa muerte en la cruz, ya pagó y rindió satisfacción. A ningún maldito hereje en todo el mundo se le ocurriría perseguir y calumniar por toda la eternidad a un pobre muerto que sufrió el castigo por sus delitos. ¿Cómo hacen entonces estos santos y benditos judíos para ser mejores que los malditos herejes? En primer lugar, declaran que Jerusalén no fue destruida y que no fueron llevados al cautiverio por el pecado de haber crucificado a Jesús. Pues afirman haber hecho lo correcto imponiendo justicia contra el seductor, lo que los hacía merecedores del Mesías. ¿Es culpa del hombre muerto, que ya ha sido castigado, que nosotros goy seamos tan estúpidos para honrarlo como nuestro Mesías? ¿Por qué no resuelven el asunto con nosotros?, ¿por qué no nos convencen de nuestra insensatez y nos demuestran su elevada y celestial sabiduría? Nunca escapamos de ellos; aún nos mantenemos firmes y desafiamos su sabiduría celestial. Veremos lo que son capaces de hacer. Puesto que no puede esperarse de estos majestuosos santos que se arrastren hasta un rincón y allí escondidos, maldigan y rezonguen.

 Volviendo a la pregunta que hice más arriba: ¿Qué daño les ha hecho el pobre Jesús a los santos niños de Israel que no pueden dejar de maldecirlo después de haber muerto, con lo cual pagó su deuda? ¿Es acaso que Él aspira a ser el Mesías lo que no toleran? Imposible, porque Él está muerto (ellos mismos se encargaron de crucificarlo), y una persona muerta no puede ser el Mesías. ¿Será que Él es un obstáculo para que regresen a su tierra natal? No, esa tampoco es la razón: ¿cómo podría un hombre muerto prevenir tal cosa? ¿Cuál es entonces la razón? Os diré. Como ya he escrito antes, es al relámpago y trueno de Moisés al que hice referencia más arriba: “Jehová te herirá con locura, ceguera y turbación de espíritu”. Es el fuego eterno del que hablan los profetas: “Que mi ira salga como fuego, y se encienda y no haya quien la apague” [Jer. 4:4]. Juan Bautista reveló el mismo mensaje luego de que Herodes había quitado el cetro, y lo hizo con estas palabras: “Ya tiene en la mano el aventados, y limpiará con esmero su ira, y recogerá el trigo en su granero; pero la paja la extinguirá con fuego inextinguible” [Lucas 3:17]. Estamos, en efecto, frente al fuego de la ira divina que desciende sobre los judíos. Lo vemos encenderse, arder y avivarse, un fuego más horrible que aquél de Sodoma y Gomorra.

 Ahora bien, estas mentiras y esta blasfemia diabólica está dirigida a la persona de Cristo y a la de su querida madre, pero también involucra a nuestra persona y a la de todos los cristianos. También están pensando en nosotros. Porque Cristo y María están muertos, y nos asignan también nuestra cuota especial de calumnias porque nosotros cristianos somos tan infames como para honrar a estas personas muertas, despreciables. En primer lugar, le lloran a Dios que nosotros los tenemos cautivos en el exilio, y le imploran ardorosamente que libere a su santa gente y a sus queridos niños del poder y el sometimiento al que los sometemos. Nos apodan Edom y Haman, nombres con los que nos insultarían gravemente ante Dios y nos lastimarían profundamente. Sin embargo, nos llevaría muy lejos ampliar esto. Ellos saben muy bien que están mintiendo. Si fuera posible, no me avergonzaría reclamar a Edom como mi antepasado. Él fue el hijo biológico de Santo Rebeca,nieto de la querida Sara; Abraham fue su abuelo e Isaac su verdadero padre. El propio Moisés les ordena considerar a Edom como su hermano: (Deut. 23:71): ¡Y de hecho obedecen a Moisés como verdaderos judíos! 

Además, se atreven a instruir a Dios y aconsejarle la manera en que habrá de redimirlos. Porque los judíos, estos santos eruditos, piensan que Dios es un pobre zapatero que para hacer sus zapatos tiene únicamente la horma del pie izquierdo. Es decir que mediante el Mesías de ellos, Él ha de matar y exterminar a todos los goy, para que así ellos puedan echar sus manos en la tierra, los bienes y el gobierno del mundo entero. Y ahora una tormenta de maldiciones, difamación e injuria se desata sobre nosotros, la cual no puede expresarse en palabras. Ellos desean que la espada y la guerra, la aflicción y todos loa infortunios terminen con nosotros, malditos goy. Abiertamente sueltan sus maldiciones contra nosotros cada sábado en sus sinagogas, y día a día en sus hogares. Ya en la infancia les enseñan a sus hijos, los instan y los entrenan, a continuar siendo los amargos, virulentos e iracundos enemigos de los cristianos.

 Esto os ofrece una claro cuadro de la concepción que los judíos tienen del quinto mandamiento y la observación que de él hacen. Por más de mil cuatrocientos años han sido sabuesos y asesinos de la cristiandad, sedientos de sangre en sus intenciones, y sin lugar a dudas, preferirían serlo en sus actos. Así, han sido acusados de envenenar aguas y pozos, y de esa manera aquietaban su ira con la sangre de los cristianos por todo a lo que han sido condenados a muerte por el fuego. Y aún así Dios todavía se rehusa a oír sobre la sagrada penitencia de estos maravillosos santos y queridísimos hijos. El injusto Dios le permite a la santa gente que maldiga (quiero decir, rece) tan vehementemente en vano en contra de nuestro Mesías y todos nosotros cristiano. No se interesa en involucrarse con ellos o su piadosa conducta, tan embebida en sangre de nuestro Mesías y sus cristianos. Puesto que estos judío son más sagrados que los del cautiverio babilonio, que no maldecían, que no derramaban secretamente la sangre de los hijos, ni envenenaban las aguas, sino que en cambio oraban por sus captores, los babilonios, como Jeremías les había instruido [Jer. 29:7]. La razón de esto es que no eran tan sagrados como los judíos de hoy día, ni tenían astutos rabinos; Jeremías, Daniel y Ezequiel eran grandes tontos. Los judío de hoy los harían trizas con los dientes, supongo.  

Ahora bien, poned atención en cómo miente cuando dice que nosotros los tenemos cautivos. Jerusalén fue destruida haca más de mil cuatrocientos años, y en ese memento, nosotros cristianos habíamos sido acosados y perseguidos por los judíos alrededor del mundo durante aproximadamente trescientos años, como dijimos más arriba. Bien podríamos reclamar que durante ese tiempo ellos nos tuvieron cautivos y nos mataron, lo cual es la verdad. Además no sabemos al día de hoy cuál es el demonio que los trajo a nuestro país. Con seguridad, no fuimos nosotros quienes los trajeron de Jerusalén.  

Además, ahora nadie los está reteniendo aquí. El país y las carreteras están abiertas para que vuelvan a su tierra cuando lo deseen. Si lo hicieran, con mucho gusto les haríamos regalos por la ocasión, sería un festejo: Porque para nuestro país son una pesada carga, una plaga, un verdadero infortunio. Es evidencia de esto el hecho de que con frecuencia han sido expulsados de los países en vez de haber sido cautivos. Así fueron desterrados de Francia (a la que ellos llaman “Tsorfath”, en Abdías 20), que era un nido especialmente bueno. Recientemente, nuestro querido Emperador Carlos los ha desterrado de España, que es el mejor de todos los nidos (a la que ellos llamaban “Sefarad”, también sobre las bases de Abdías). Este año fueron expulsados de Bohemia, donde tienen uno de los mejores nidos, en Praga. Del mismo modo, durante mi vida han sido echados de Regensburg, Magdeburg, y otros lugares.

 Si no podéis tolerar a una persona en un país o en un hogar, ¿significa que lo estáis teniendo cautivo? De hecho, son ellos quienes nos tienen a nosotros cristianos cautivos en nuestro propio país. Dejan que trabajemos con el sudor de nuestra frente para ganar dinero y propiedades mientras ellos permanecen sentados junto a la cocina, pasan las horas haraganeando, expelen sus ventosidades y asan peras. Se llenan las barrigas de comida y alcohol, y viven rodeados de lujos, desahogados gracias a nuestros bienes ganados con esfuerzo. Con la maldita usura, nos tienen cautivos a nosotros y nuestra propiedad. Además se burla de nosotros porque nosotros trabajamos y les dejamos hacer el papel de hacendados haraganes a costa nuestra y en nuestra tierra. Así, ellos son nuestros amos y nosotros somos sus sirvientes, con nuestros bienes, nuestro sudor y nuestro trabajo. ¡Y a modo de recompensa y agradecimiento maldicen a nuestro Señor y a nosotros! ¿No es natural que el diablo ría y baile si puede disfrutar de un paraíso como este a costa de nosotros cristianos? Devora lo que es nuestro a través de sus santos, los judíos, y nos paga con insultos, además de maldecir tanto a Dios como al hombre.

 No podrían haberla pasado tan bien con sus propias posesiones en Jerusalén bajo David y Salomón como la pasan con las nuestras, que hurtan y roban a diario. Aún así lloran que los tenemos cautivos. De hecho, los hemos capturado y los tenemos en cautiverio del mismo modo que yo tengo en cautiverio un cálculo biliar, un maldito tumor, y todas las otras enfermedades e infortunios que atender con dinero y bienes y todo lo que tengo. ¡Ojalá estuvieran en Jerusalén con los judíos y con quienes quisieran que estuvieran allí!

Si ya se ha dejado en claro que no lo tenemos cautivos, ¿cómo puede ser que merezcamos la enemistad de santos tan maravillosos y nobles? No llamamos prostitutas a sus mujeres, como ellos llaman a María, madre de Jesús. No los llamamos hijo de prostituta, como ellos llaman a nuestro Señor Jesucristo. No les decimos que fueron concebidos en el momento de la limpieza y por tanto nacieron idiotas, como ellos dicen de nuestro Señor. No decimos que sus mujeres son “haria”, como ellos dicen de nuestra querida María. Nosotros no los maldecimos, sino que les deseamos el bien, tanto físico como espiritual. Los hospedamos, les permitimos comer y beber con nosotros. Nosotros no secuestramos a sus hijos ni los herimos; no envenenamos sus pozos; no estamos sedientos de su sangre. ¿Cómo provocamos entonces tanta ira, envidia y odio en estos maravillosos y sagrados hijos de Dios?

 No hay otra explicación para esto que la citada anteriormente de Moisés, es decir, que Dios los ha golpeado con “locura, ceguera y turbación de espíritu”. De modo que inclusive obramos mal si no vengamos toda esta sangre inocente de nuestro Señor y de los cristianos, derramada durante trescientos años antes de la destrucción de Jerusalén, y la sangre de los hijos que han derramado desde entonces (que todavía hace brillar sus ojos y su piel). Obramos mal al no quitarles la vida. En cambio, permitimos que vivan libremente entre nosotros a pesar de nos asesinan, nos maldicen, blasfeman y mienten en contra de nosotros, y nos difaman; nosotros protegemos sus sinagogas, sus casas, su vida y su propiedad. De este modo los hacemos holgazanes y seguros, y los alentamos para que descaradamente nos despojen de nuestro dinero y nuestros bienes, así como también para que se burlen de nosotros, para finalmente vencernos, matarnos a todos por este pecado imperdonable, y robarnos todos nuestros bienes (según rezan y ruegan diariamente). Ahora, decidme si no tienen todas las razones para ser nuestros enemigos, para maldecirnos y para luchar por nuestra ruina final, completa y eterna.

 En todo esto nosotros cristianos vemos dado que los judíos no lo pueden ver qué ira terrible ha provocado en Dios, y aún provoca sin cesar, esta gente, qué fuego brilla, y qué es lo que lo gran aquellos que maldicen y odian a Cristo ya  sus cristianos. Oh, queridos cristianos, grabemos este horrible ejemplo en nuestro corazón, como dice San Pablo en Romanos II, ¡y teme a Dios no sea que caigamos víctimas de una ira similar o incluso peor! En cambio, como ya dijimos antes, honremos su palabra divina y no desatendamos el tiempo de gracia, como lo han hecho Mahoma y el papa, volviéndose no mucho mejores que los judíos. 

 

 

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Ultima Actualizacion Diciembre 27, 2002
por greenman_92553 - Elias Bernard

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