Herencia Cristiana

 

Desde su juventud este odio venenoso de sus padres y sus rabinos, y aún lo beben continuamente. Como lo declara Salmos 109:18, ha penetrado en su sangre, médula y huesos, y ya forma parte de su naturaleza y de su vida. Y así como no pueden cambiar sangre y carne, médula y huesos, tampoco cambiará su orgullo y envidia. Así permanecerán y perecerán, a menos que Dios haga milagros extraordinariamente grandes. Si yo deseara irritar y enfurecer sobremanera a un judío, le diría: “Escucha, Jehudi, ¿te dais cuenta de que yo soy un hermano legítimo de todos los santos hijos de Israel y un coheredero en el reino del verdadero Mesías?” Sin dudas me encontraría con un repugnante rechazo. Si fuera capaz de mirarme fijo con los ojos de un basilisco, seguramente lo haría. Y ni siquiera todos los demonios podrían ejecutar el diablo que desearía para mí, aun si Dios les diera vía libre —de esto estoy seguro. No obstante, me abstendré de hacerlo, y pido también que nadie lo haga, por el amor de Dios. Pues el corazón y la boca de los judíos desbordaría con un aguacero de insultos y blasfemias en nombre de Jesucristo y de Dios padre. Debemos conducirnos bien y no darles la oportunidad de hacerlo si podemos evitarlo, tal como no debo provocar a un demente si sé que insultará y blasfemará a Dios. Por otro lado, los judíos ya oyen y ven lo suficiente en nosotros como para blasfemar el nombre de Jesús en sus corazones; pues están realmente poseídos.

  Como ya lo hemos dicho, no pueden tolerar, escuchar o ver que nosotros inicuos goyim debamos obtener gloria en el Mesías como nuestro chemdath, y que nosotros somos tan buenos como lo son ellos o como piensan que lo son. Por lo tanto, cristiano querido, ten cuidado y que no te quepa ninguna duda de que, después del diablo, no tienes enemigo más amargo, venenoso, y vehemente que un auténtico judío que obstinadamente busca ser un judío. Puede haber también algunos entre ellos que crea lo que cree una vaca o un ganso, pero su linaje y circuncisión los infecta a todos. Por lo tanto los libros de historia a menudo los acusan de contaminar aljibes, de secuestrar y torturar niños, como por ejemplo en Trent, Weissensee, etc. Ellos, por supuesto, lo desmienten. Sea verdad o no, sé que no carecen de la voluntad completa, entera, lista para hacer cosas como estas ya sea secreta o abiertamente donde sea posible. Sin dudas puedes esperar esto de ellos, y debes controlarte a ti mismo adecuadamente.

Si llevaran a cabo algún acto de bien, puedes estar seguro de que no los ha impulsado el amor, ni que ha sido hecho considerando tu bien. Como están obligado a vivir entre nosotros, lo hacen por razones de conveniencia; pero su corazón permanece y es como lo he descrito. Si no quieres creerme, lee a Lyra, Burgensis, y otros hombres sinceros y honestos. Y aun si no han dejado una constancia escrita, encontrarás que las Escrituras hablan de las dos semillas, la de la serpiente y la de la mujer. Dice que éstas son enemigas, y que Dios está enfrentado con la primera y el diablo con la segunda. También sus propias escrituras y sus libros de plegarias lo declaran.

  Quien no está al tanto de los hábitos del diablo podrá preguntarse por qué son particularmente hostiles hacia los cristianos. No tienen motivos para actuar de esta manera ya que nosotros les ofrecemos todo tipo de bondades. Viven entre nosotros, disfrutan de nuestro resguardo y protección, usan nuestro territorio y nuestras rutas, nuestras ferias y calles. Entre tanto nuestro príncipe y nuestros soberanos se acomodan en sus tronos y roncan con la boca de par en par y permiten que los judíos tomen, hurten, y roben de sus carteras abiertas y de sus arcas todo cuanto quieran. Es decir, permiten que los judíos, a través de la usura, los despellejen y estafen a ellos y a sus súbditos y los conviertan en mendigos de su propio de dinero. Pues los judíos, que son exiliados, deberían no tener nada, y todo lo que tienen con seguridad es nuestra propiedad. No trabajan, y no ganan nada de nosotros, ni nosotros le damos nada, y aún poseen nuestro dinero y nuestros bienes y son nuestros señores en nuestro propio país y en su exilio. Un ladrón es condenado a la horca por robar diez florines, si roba en el camino, pierde la cabeza. Pero cuando un judío hurta y roba diez toneladas de oro a través de la usura, es estimado aún más que Dios mismo.

  Como prueba de esto citamos la insolente fanfarronería con la cual fortalecen su fe y dan rienda suelta a su venenoso odio hacia nosotros, así se dicen entre ellos: “Sed pacientes y observad cómo es Dios con nosotros, y no abandona a su gente aún en el exilio. No trabajamos, y sin embargo gozamos de la prosperidad y el ocio. Los malditos goyim tienen que trabajar para nosotros, pero nosotros nos llevamos su dinero. Esto nos hace sus señores y a ellos nuestros sirvientes. Sed pacientes queridos hijos de Israel, vendrán tiempos mejores para nosotros, nuestro Mesías aún ha de llegar si continuamos de esta manera y adquirimos el chemdath de todos lo gentiles a través de la usura y otros métodos.” Ay, esto es lo que soportamos por ellos. están bajo nuestro resguardo y protección, y sin embargo, como lo he dicho, nos insultan. Pero volveremos a esto más tarde. 

  Estamos hablando acera del hecho de que no toleran que seamos sus coherederos en el reino del Mesías, y que Él es nuestro chemdath, como lo atestiguan los profetas reiteradamente. ¿Qué dice Dios acerca de esto? Dice que les dará el chemdath a los gentiles, y que su obediencia será grata para Él, como lo afirma Jacob en Génesis 49, junto con todos los profetas. Dice que se opondrá tenazmente a la terquedad de los judíos, rechazándolos y eligiendo y aceptando a los gentiles, a pesar de que estos últimos no sean de la sangre noble de los padres o de los santos circuncisos. Pues así dice Oseas 2:23: “Y diré a Lo-ammí (No mi pueblo): Tú eres pueblo mío, y él dirá: Dios mío.” Pero para los judíos Él dice [en Oseas 1:9]: “Ponle por nombre Lo-ammí, porque vosotros no sois mi pueblo, ni yo seré vuestro Dios.” Moisés también había expresado esto antes en su canción [Deuteronomio 32:21]: “Ellos me movieron a celos con lo que no es Dios; Me provocaron a ira con sus ídolos; yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, los provocaré a ira con una nación insensata.” Este verso a cobrado vigencia recién ahora después de más de mil quinientos años de haber sido escrito. Nosotros gentiles insensatos, que no éramos el pueblo de Dios, somos ahora el pueblo de Dios. Esto conduce a los judíos a la distracción y a la estupidez, y con esto se convierten en Lo-ammí, que alguna vez fueron su pueblo y en realidad aún deberían serlo.

  Pero terminemos con nuestra discusión acerca del dicho de Hageo. Tenemos pruebas convincentes de que el Mesías, el chemdath de los gentiles, apareció cuando el templo estaba en pie. Así lo entendieron los antiguos, y las presumidas y poco convincentes mentiras de los judíos de hoy día también lo testifican, ya que no tienen otra forma de  desmentirlo que hablando de su propia vergüenza. Pues aquél que da una respuesta vacía, sin sentido, e irrelevante demuestra que está vencido y se condena a sí mismo. Habría sido mejor y menos deshonroso si se hubiera mantenido callado, en vez de dar una respuesta inútil que lo desacredita. Así Hageo 2:6 dice: “De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones.” Así es como yo, en la simpleza de mi mente, entiendo estas palabras: Desde la creación del mundo ha habido enemistad entre la semilla de la serpiente y la de la mujer, y ha habido conflictos siempre entre ellas, a veces más, a veces menos.

  Pues donde sea que la semilla de la mujer está o aparece, causa conflictos y discordia. Esto dice Él en el Evangelio: “No he venido para traer paz a la tierra, sino espada” [cf. Mateo 10:34]. Él toma la armadura del hombre fuerte completamente armado que tenía paz en su palacio [Lucas 11:22]. Este no puede tolerarlo, y surge el conflicto; los ángeles se enfrentan contra los demonios en el cielo, y hombre contra hombre en la tierra—todo por la Semilla de la mujer. Ciertamente, hay suficientes conflictos, guerra, y convulsión en el mundo también de la otra manera; pero como no es responsabilidad de esta semilla, es insignificante para los ojos de Dios, pues en este conflicto todos los ángeles están involucrados.

  Como el advenimiento de esta Semilla, o del Mesías estaba cerca, Hageo dice “de aquí a poco.” Esto significa que hasta ahora el conflicto ha estado limitado a mi pueblo Israel solamente, es decir, confinado a un área reducida. El diablo estuvo siempre decidido a devorarlos y condujo a todos los reyes de los alrededores a instigarlos. Pues estaba bien al tanto de que la Semilla prometida estaba en el pueblo de Israel, la Semilla que lo degradaría. Por lo tanto estuvo siempre ávido de hostigarlos e instigó un disturbio tras otro, así como insatisfacciones, guerra y conflictos. Perfecto, ahora será pero “de aquí a poco”, y le daré conflictos por doquier. Iniciaré una lucha, y una buena lucha, no sólo en mi rincón entre la gente de Israel, si no en toda la extensión desde el cielo a la tierra, desde el océano a la tierra seca, o sea, donde es húmedo y donde es seco, ya sea en el continente o en las islas, en el océano o en las aguas, donde sea que more un ser humano. O como él lo dice, “Haré temblar a todas las naciones,” de manera que todos los ángeles se enfrentarán a todos los demonios en el cielo o en el aire, y todos los hombres en la tierra se disputarán la Semilla.

  Pues enviaré el chemdath a todos los gentiles. Lo amarán y adherirán a Él, como dice Génesis 49, “A El se congregarán los pueblos,” y, por otro lado, se harán hostiles al diablo, la vieja serpiente, y se alejarán de él. Luego todo se encaminará cuando el dios y príncipe del mundo enfurece, rabia y despotrica porque es obligado a entregar su reino, su casa, su equipamiento, su templo, su poder, al chemdath y Siloh, la Semilla de la mujer. Cualquiera puede leer las crónicas que se remontan al tiempo de Cristo y allí aprender cómo primero los judíos y los gentiles, luego los heréticos, finalmente Maoma, y en el presente el papa, enfurecieron y aún están enfureciendo “contra Jehová y contra su ungido” (Salmos 2[:2]), y entenderá las palabras de Hageo que hablan de hacer temblar a todas las naciones, etc. No hay un rincón en el mundo ni un lugar en el océano en el cual el Evangelio no haya resonado y llevado al chemdath, como Salmos 19:3-4 declara: “No es lenguaje de palabras, Ni es oída su voz, Pero por toda la tierra salió su pregón, y hasta el extremo del mundo su lenguaje.” El diablo también apareció prontamente en la escena en el asesinato en manos de los tiranos, con la mentira en boca de los heréticos, con todas sus artimañas y poderes diabólicos, que aún emplea para impedir y obstruir el curso dictado por el Evangelio. Este es el conflicto en cuestión.

  Comenzaré la historia de este conflicto con aquél gran villano, Antiochus el Noble. Aproximadamente trescientos años pasaron entre el tiempo de Hageo y el de Antiochus. Durante este corto periodo prevaleció la paz. Pues los reyes en Persia fueron muy generosos con ellos, tampoco Alejandro los dañó, y se desenvolvieron bien también bajo sus sucesores hasta el tiempo del sucio de Antiochus que trajo desasosiego y desgracia. A través suyo, el diablo procuró exterminar la Semilla de la mujer. Saqueó la ciudad de Jerusalén, el templo, el país y sus habitantes, profanó el templo y rabió como su dios, el diablo, lo impelió. Prácticamente toda la buena suerte de los judíos terminó allí. Hasta el presente no han recuperado su posición de antaño, y nunca lo harán.

  Esto servirá para proporcionar un entendimiento apropiado de las mentiras de los judíos que dicen que el “chemdath de todos los gentiles,” es decir, el oro y la plata, fluyó hacia este templo. Si los reyes anteriores habían depositado algo en él, entonces este otro se lo llevó todo nuevamente. Esto hace que sus mentiras se pongan al desnudo: Antiochus distribuye el chemdath de todos los judíos entre los gentiles. Por lo tanto este verso de Hageo no puede ser entendido como una referencia a la camisa o el saco de los gentiles. Durante esos trescientos años que siguieron, o este “de aquí a poco,” y de allí en adelante, no obtuvieron mucho de los gentiles, sino que, por el contrario, fueron obligados a entregarles mucho a los gentiles. Poco después, los romanos vinieron e hicieron una limpieza general, y nombraron a Herodes rey. Lo que Herodes les dio lo supieron enseguida. Por lo tanto, desde Antiochus en adelante, disfrutaron de muy poco tiempo en paz. El testimonio de Daniel también termina con Antiochus, como si dijera: Ahora el fin está cerca y todo está terminado, ahora el Mesías está detrás de la puerta, quién provocará aún más discordia.

  El detestable Antiochus no sólo saqueó y profanó el templo sino que también suprimió al shebet o sultán, al príncipe en la casa de David, es decir, al último príncipe, John Hyrcanus. Ninguno de sus descendientes ocupó nuevamente el trono de David o se convirtió en soberano. Sólo el saphra o mehoqeq permaneció hasta Herodes. Desde ese momento en adelante, la luz de la casa de David pareció extinguirse, como si no hubiese shultan o cetro en Judá. De hecho, había llegado a su fin, a pesar de pasarían más o menos ciento cincuenta años hasta que llegase el Mesías. Esto no es inusual; todo lo que está por romperse primero se abrirá o se rajará un poco. Todo lo que va a hundirse primero se sumergirá o se bamboleará un poco. El cetro de Judá atravesó el mismo proceso en su última etapa. Se debilitó, gruñó y protestó durante ciento cincuenta años hasta que devastado cayó en manos de los romanos y de Herodes. Durante estos ciento cincuenta años el príncipe de Judá no gobernó sino que vivió como un ciudadano común, tal vez bastante empobrecido. Pues María, madre de Cristo en Nazaret, declara que es una esclava pobre [Lucas 1:48].

  Es también verdad, no obstante, que los Macabeos lucharon victoriosamente contra Antiochus. Daniel 11:34 hace referencia a esto con la frase “una pequeña ayuda.” Aquellos que de esta manera ocuparon el trono de David y asumieron la soberanía eran sacerdotes de la tribu de Leví y Aarón. Ahora podría decirse con buenas razones que las tribus reales y sacerdotales fueron mezcladas. Pues en II Crónicas 22:11 leemos que Josabat, hija del Rey Joram y hermana del Rey Ocosíaz, era la mujer de Joyadá, el alto sacerdote. Así viniendo de la familia real de Salomón, fue insertada en la tribu sacerdotal y se convirtió en tronco y árbol. Por lo tanto, era ancestro de todos los descendientes de Joyadá el sacerdote, una legítima Sara de la familia sacerdotal. Por lo tanto, los Macabeos deben de hecho ser llamados la sangre e hijos de David, si se lo mira desde el linaje maternal. Pues la descendencia por parte de la madre es tan válida como la descendencia por parte del padre. Esto es también reconocido en otros países. Por ejemplo, nuestro Emperador Carlos es rey en España en virtud de su descendencia materna y no paterna; y su padre Philip fue Duque de Burgundy no por su padre, Maximiliano, sino por su madre, María.

  Así David llama a todos los hijos de Joyadá y de Josabat sus hijos naturales, sus hijos e hijas, porque Josabat es descendiente de su hijo Salomón. Así que mediante los Macabeos, la familia de Salomón recuperó la ley y el cetro por el lado materno, después de haber sido perdido por Atalyá por el lado paterno. Permaneció en la familia de David hasta Herodes, que acabó con ella y abolió tanto al shultan como al saphra o el Sanedrín. Finalmente ahora, yace allí el cetro de Judá y el mehoqeq, la casa de David está oscurecida del lado paterno y materno. Por consiguiente, el Mesías debe ahora estar cerca, la verdadera Luz de David, el verdadero Hijo, que había sostenido su casa hasta ese momento y la sostendría y la iluminaría desde ese momento hasta la eternidad. Esto se ajusta a la promesa de Dios de que el cetro de Judá permanecería hasta que el Mesías aparezca y que la casa de David será preservada para siempre y nunca se extinguirá. Pero, como dijimos, a pesar de todo esto Dios tiene que ser el mentiroso de los judíos, que no ha enviado aún al Mesías como lo prometió y juró.

  Además, Dios dice a través de Hageo: “Llenaré de gloria esta casa. Mía es la plata, y mío es el oro. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera,” etc. [Hageo 2:7 f.]. Es verdad que este templo exhibió gran esplendor durante los trescientos años antes de Antiochus, ya que los persas y los sucesores de Alejandro, los reyes de Siria y el Rey Philadelphus en Egipto, contribuyeron sobremanera para que esto fuera posible. Pero, a pesar de todo esto, no es comparable en magnificencia con el primer templo de Salomón. El texto debe de referirse a un esplendor diferente aquí, si no el templo de Salomón lo superaría por mucho. Pues en el primer templo había también abundancia de oro y plata, y además el Arca de la Alianza, el trono de la piedad, el querubín, las tablas de Moisés, la vara de Aarón, el pan del cielo en el recipiente de oro, las vestiduras de Aarón, también Urim y Thummin y el aceite sagrado con el que los reyes y sacerdotes han ungido (Burgensis en Daniel 9). Cuando Salomón dedicó este templo, cayó fuego del cielo y consumió el sacrificio, y el templo se llenó con lo que él llamó una nube de Majestad divina [II Crónicas 5:13, 7:1]. El mismo Dios estaba presente en esta nube, como el mismo Salomón dice: “Entonces dijo Salomón: Jehová quiere habitar en densa nube” [II Crónicas 6:1]. Él había hecho lo mismo en el desierto cuando se cernió sobre el tabernáculo de Moisés.

  No había nada de este esplendor, aparte del oro y la plata, en el templo de Hageo. De cualquier modo, Dios dice que mostrará mayor esplendor que el primero más adelante. Dejad que los  judíos digan qué constituyó este gran esplendor. No pueden pasar esto por alto en silencio, pues el texto y la confesión de los antiguos judíos, sus antepasados, señalan tanto que el chemdath de los gentiles, el Mesías, llegó cuando el mismo templo estaba en pie, como que lo llenó de gloria con su presencia. Nosotros cristianos sabemos que nuestro Señor Jesucristo, el verdadero chemdath, fue presentado en el templo por su madre, y que El mismo a menudo enseñó e hizo milagros allí. Esta es la verdadera nube—su delicada humanidad, en la cual Dios manifestó su presencia y se dejó ver y oír. Lo s judíos, ciegos, podrán burlarse de esto, pero nuestra fe se fortalece con esto, hasta que aduzcan otro esplendor del templo que pretendan superior a este chemdath de todas las naciones. Esto lo harán cuando erijan el tercer templo, es decir, cuando tilden a  Dios de mentiroso, cuando el diablo sea el verdadero, y cuando tomen ellos mismos posesión de Jerusalén nuevamente—no antes.

  Josephus escribe que Herodes arrasó el templo de Hageo porque no era lo suficientemente espléndido, y lo reconstruyó de manera que fuera igual o superior en esplendor que el templo de Salomón. Me alegraría creer en los libros de historia; sin embargo, aún habiendo sido este templo construido con diamantes y rubíes, todavía carecía de los elementos mencionados de aquél sublime, sagrado lugar antiguo—o sea, el trono de la piedad, el querubín, etc. Además, como Herodes no había sido encomendado por Dios a construirlo, sino que lo hizo como un enemigo ignominioso de Dios y de su pueblo, motivado por la vanidad y el orgullo, en su propio honor, la estructura y el trabajo en su integridad no fueron mejores que la piedra más enclenque que Zerubbabel colocó en el templo según orden de Dios. Ciertamente no es meritorio de gracia despedazar y profanar el templo que había sido ordenado, construido y consagrado por la palabra de Dios, y luego pretender erigir otro mucho más glorioso sin la palabra y el mandato de Dios, que es lo que hizo Herodes. Dios permitió esto sin reparar en el lugar que había escogido para el templo, de manera que la destrucción del templo pudo tener la significación desfavorable de que, de ahí en adelante, la gente de Israel se quedaría sin templo, palabra de Dios, y todo, pero en cambio le otorgaría el esplendor completamente, con el pretexto de estar sirviendo el mandato de Dios.  

  Este templo no sólo fue menos esplendoroso que el de Salomón, sino que también fue violado de varias maneras más terriblemente que el templo de Salomón, y fue a menudo completamente profanado. Esto pasó primero contra la voluntad de los judíos, cuando Antiochus robó todo lo que allí había, colocó un ídolo en el altar, instituyendo una terrible matanza en Jerusalén como si él mismo fuera el diablo, como leímos en I Macabeos 1 y como Daniel 11 había predicho. No menos atrocidades fueron cometidas por los romanos, y especialmente por el sucio Emperador Calígula, que también dejó su marca de abominación en el templo. Daniel 9 y 12 habla de esto. Tal ignominia y ultraje en manos de los gentiles y los forasteros no fue experimentado por el templo de Salomón. Esto hace difícil ver cómo las palabras de Hageo fueron llevadas a cabo, “Llenaré de gloria esta casa, La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera.” Debiera decir que fue llenado con mayor deshonor, sobrepasando el deshonor del primer templo, esto es si no se piensa en el honor externo. En consecuencia, si las palabras de Hageo han de considerarse veraces, debe tenerse en cuenta que refieren a una clase de esplendor diferente.

  En segundo lugar, los judíos mismos también profanaron este templo más viciosamente de lo que el otro jamás fue profanado, es decir, con idolatrías espirituales. Lyra, y otros también, escribe en varios pasajes que los judíos, después de su regreso del babilonio, no cometieron idolatría o pecado al matar profetas tan gravemente como antes. Con esto quiere probar que su actual exilio responde a un pecado más grave aún que la idolatría, el asesinato de los profetas, etc.—es decir, la crucifixión del Mesías. Este argumento es bueno, válido, y contundente. Que nunca más volvieron a matar a los profetas no ha de ser atribuido a la falta de malas intenciones, sino al hecho de que no hubo más profetas que repudiaran su idolatría, su codicia, y otros vicios. Es por esto que no pudieron matar más profetas. Con seguridad, el último profeta, Malaquías, que comenzó a revocar a los sacerdotes, escapó justo a tiempo (si escapó).

  Pero ellos practicaban más escandalosamente la idolatría en este templo que en el otro—no la burda, palpable, estúpida idolatría, sino la sutil, la espiritual. Zacarías retrata esto con la imagen de un rollo volando y un efá saliendo (Zacarías 5:2, 6). Y Zacarías 11:12 y 12:10 predice la infamia de vender a Dios por treinta piezas de plata y su crucifixión. ¿Más que en ninguna otra parte; no es suficientemente vergonzoso que los sacerdotes en el mismo momento pervirtieran los Diez Mandamientos tan flagrantemente? Dime, ¿qué idolatría se compara con la abominación de hacer de la palabra de Dios una mentira? Hacerlo es de hecho levantar ídolos, es decir, falsos dioses, encubiertos en la palabra de Dios; y esto está prohibido por el segundo mandamiento, que dice “no usarás el nombre de Dios en vano.”

  Porque su Talmud y sus rabinos constatan que no es pecado para un judío matar a un gentil, que para él sólo es pecado matar a un hermano israelita. Tampoco es pecado para un judío no cumplir su palabra con un gentil. Del mismo modo, dicen que es hacerle un servicio a Dios robarle a un Goy, como de hecho hacen a través de la usura. Pues como creen que son la sangre noble y los santos circuncisos y nosotros los malditos goyim, no pueden tratarnos demasiado severamente o cometer pecados contra nosotros, pues son los señores del mundo y nosotros sus criados, sí, su ganado.

  En suma, nuestros evangelistas también nos dicen qué es lo que enseñan sus rabinos. En Mateo 15:4 leemos que abrogaron el cuarto mandamiento, que proclama el honor al padre y a la madre; y en Mateo 23 que se entregaron a una doctrina inicua, sin mencionar lo que dice Cristo en Mateo 5 acerca de cómo predican e interpretan tan astutamente los Diez Mandamientos, cómo erigieron a los cambistas, a los comerciantes, y todo tipo de usureros en el templo, obligando a nuestro señor a decir que ellos habían hecho de la casa de Dios una guarida de ladrones [Mateo 21:13; Lucas 19:46]. Ahora figúrate qué gran honor es ese y en qué medida el templo el templo se llena de la gloria de Dios que El debe llamar a su propia casa una guarida de lobos porque tantas almas han sido asesinadas mediante su codicia, doctrina apócrifa, es decir, mediante la doble idolatría. Los judíos aún insisten con esta doctrina. Imitan a sus padres y pervierten la palabra de Dios. están llenos de codicia, de usura, roban y asesinan siempre que encuentran la ocasión y educan a sus hijos para que hagan lo mismo.

  Pero ni siquiera es ésta la mayor deshonra de este templo. La abominación mayor de todas las abominaciones, la deshonra de todas las deshonras, es ésta: que en el tiempo de este templo varios sacerdotes y una secta completa eran Sadducean, es decir, Epicúreos, que no creía en la existencia de ningún ángel, demonio, cielo, infierno, o vida después de la muerte. ¡Y se esperaba que entraran al templo, con la autoridad y la investidura sacerdotal, y que sacrificaran, rezaran, y ofrecieran a la gente ofrendas quemadas, predicaran, y gobernaran! Dime, ¿cuánto peor pudo haber sido Antiochus, con su idolatría y el sacrificio a los cerdos, comparado a estos cerdos y cerdas Sadduceanos? A la luz de esto, ¿qué queda de la declaración de Hageo de que la gloria de este templo sería mayor que la del templo de Salomón? Ante Dios y toda razón, un chiquero comparado con este templo no puede ser llamado de otro modo que mansión real, teniendo en cuenta a tan grandes, horribles, y monstruosas cerdas.

  Cuánto más honorablemente los filósofos paganos, así como los poetas, escriben y enseñan no sólo acerca del Reino de Dios y acerca de la vida que está por llegar, sino también acerca de las peculiaridades terrenales. Enseñan que el hombre por naturaleza está obligado a servir al prójimo, a ser también leal con sus enemigos, y a ser fiel y solidario especialmente en tiempos de necesidad. Es lo que hizo Cícero a través de sus nobles enseñanzas. En efecto, creo que tres de las fábulas de Isopo, la mitad de las de Cato, y varias comedias de Terence contienen más sabiduría y más enseñanzas acerca de lo que es obrar bien de las que pueden encontrarse en los libros de los talmudistas y rabinos y más de las que podrán ocurrírseles a todos los judíos en sus corazones.

  Podrán decir que estoy hablando demasiado. No estoy hablando demasiado, estoy hablando demasiado poco—pues leo sus escritos. Nos maldicen a nosotros Goyim. En sus sinagogas y en sus plegarias nos desean todas las desgracias posibles. Nos despojan de nuestro dinero y bienes con su usura, y nos juegan todas las malas pasadas que pueden. Y lo peor de todo esto es que aún claman haber hecho las cosas correctamente, es decir, haberle hecho a Dios un servicio. Y enseñan a hacer tales cosas. Ningún pagano obró de tal manera nunca; de hecho, nadie obra así excepto el diablo, o quienquiera que él posea, como ha poseído a los judíos.

  Burgensis, que fue uno de sus rabinos mejor aprendido, y quien a través de la gracia de Dios se convirtió en un cristiano un suceso muy poco casual está enfurecido por el hecho de que nos maldigan a nosotros cristianos tan vilmente en sus sinagogas (como también lo escribe Lyra), y él deduce de esto que no pueden ser el pueblo de Dios. Pues si lo fueran seguirían el ejemplo de los judíos en el cautiverio babilonio. A ellos Jeremías les escribió: “Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice deportar, y rogad por ella a Jehová; porque en su paz tendréis vosotros paz” [Jeremías 29:7]. Pero nuestros bastardo y pseudo judíos piensan que tienen que maldecirnos, odiarnos e infligirnos todos los males posibles, aunque no tengan motivo para hacerlo. Por lo tanto dejaron seguramente de ser el pueblo de Dios. Pero más tarde diremos más acerca de esto.

  Para volver al tema del templo de Hageo, es atinado decir que ninguna casa fue más deshonrada de lo que esta casa de Dios fue deshonrada por cerdas tan ignominiosas como las Saduceos y Fariceos. Aun así Cristo la llama la casa de Dios, porque los cuatro pilares son suyos. Por lo tanto, para compensar esta deshonra, debe de hallarse enraizado en él un esplendor mayor y diferente al del oro y la plata. Si no, Hageo enfermaría en su profecía de un templo cuyo esplendor superaría al del templo de Salomón. En medio de tan colosal deshonra ningún otro esplendor puede ser hallado aquí excepto el del chemdath, que llegará en poco tiempo y permitirá restituir el honor con su esplendor. Los judíos no pueden producir ningún otro esplendor, su boca está inmóvil. 

 

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Ultima Actualizacion Diciembre 27, 2002
por greenman_92553 - Elias Bernard

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