Herencia Cristiana

 

La Guerra de los Condones
Por Nicholas D. Kristof
The New York Times

NUEVA YORK
Hace tres mil años, una pareja de amantes egipcios (probablemente liberales libidinosos) experimentó con una bolsita de lino y produjo el primer preservativo conocido.
Algunos derechistas todavía no han superado el trauma.

En estos últimos años, varios grupos conservadores que apoyan al presidente George W. Bush han declarado la guerra al condón. Han lanzado una campaña pavorosa que, de tener éxito, podría tener como consecuencia la muerte por sida de millones de personas en el mundo.

Descubrí esta campaña el año pasado, cuando empecé a recibir por correo electrónico mensajes de cristianos evangélicos que insistían en que los preservativos tienen poros de unos 10 micrones de diámetro, mientras que el virus del sida mide apenas un décimo de micrón.

La afirmación es una FALSEDAD científica (los microscopios electrónicos no han hallado tales poros), pero la campaña de desinformación resulta ser un tiro de largo alcance para desacreditar los preservativos, acallar toda referencia a ellos en las escuelas y desalentar su uso en otros países.

"El único anticonceptivo permanente absolutamente garantizado es la castración",sugieren, con espíritu servicial, en un sitio católico de Internet.

"Los preservativos no protegerán a la gente contra muchas enfermedades venéreas", afirman anuncios radiofónicos en Texas.

Un informe de Human Rights Watch cita esta declaración de un funcionario escolar de ese
mismo estado: "No discutimos el uso del preservativo, salvo para decir que no sirve".

Estoy totalmente a favor de que se enseñe la abstinencia. Hay algunas pruebas de que su promoción ayuda a retardar y reducir el contacto sexual.
Pero los jóvenes han fornicado diligentemente desde que se inventó el sexo (en 1963, según el poeta Philip Larkin).
Desacreditando el preservativo, podremos desalentar su uso, pero no las relaciones sexuales.
El resultado para la juventud será más gonorrea y sida, y muchas más muertes.

Hasta ahora, el presidente Bush no ha adherido plenamente a la campaña, pero hay señales alarmantes de que está subiendo (o, mejor dicho, trepando) al tren. El mes pasado, durante una conferencia internacional en Bangkok, funcionarios norteamericanos exigieron la supresión de una referencia al "uso constante del preservativo" para combatir el sida y las enfermedades venéreas. ¿Qué defiende, entonces, este gobierno? ¿Su uso intermitente?

Luego vino la Cabriola del Condón, en el sitio de los Centros para el Control de las Enfermedades: quitaron una página con datos concretos para reemplazarla, tiempo después, por otra en que subrayaban su falibilidad.

"Básicamente, el gobierno de Bush condena a muerte a quienes tengan HIV o sida. Y hablamos de decenas de millones de personas", advierte Adrienne Germain, presidenta de la Coalición Internacional por la Salud de la Mujer.

Los grupos evangélicos hacen una obra magnífica en Africa, dirigiendo hospitales para algunos de los seres más desdichados del mundo: por ejemplo, los pobres que padecen sida. Desconcierta ver a estos mismos grupos participando en la difusión de falsedades científicas que acarrearán muchas más muertes por sida.

(El consenso científico es simple: los preservativos distan de ser perfectos, pero reducen considerablemente el riesgo de HIV y gonorrea en el hombre y, quizás, el de otras infecciones sexuales, si bien se requieren más estudios para demostración definitivamente. Véase, por ejemplo, el informe de los Institutos Nacionales de Salud en www.niaid.nih.gov/dmid/stds/condomreport.pdf.)

Un estudio de la Universidad de California, en Berkeley, reveló el sorprendente balance costo-eficacia de la distribución de preservativos: apenas 3,50 dólares anuales por cada vida salvada. La terapia antirretrovirósica cuesta casi 1050 dólares anuales por persona.

Sin embargo, Estados Unidos está donando 300 millones de preservativos anuales; al terminar el mandato del padre de nuestro presidente actual, donaba unos 800.000. Tomemos por caso a Botswana, que tiene el índice de HIV más alto del mundo: 39 por ciento de la población adulta. Según las cifras dadas en un informe de Population Action International sobre preservativos, en ese país, el habitante común de sexo masculino no llega a recibir uno por año de donantes internacionales.

En el tiempo que les ha llevado leer esta columna, han muerto de sida 28 personas, incluidos 5 niños, y se han infectado otras 49. Debemos superar nuestros remilgos; aceptar que el preservativo es falible, pero es mucho mejor que no usar nada; reconocer que no induce al sexo, del mismo modo en que un paraguas no provoca la lluvia, y asegurarnos de que, en lugares como Botswana, las parejas reciban más de uno por año.

(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)


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Ultima Actualizacion Enero 11, 2003
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